Durante años, el Géiser de Ixtlán cargó con el peso del abandono: un sitio con potencial turístico enorme, pero sin la inversión, el orden ni la visión que exigía uno de los emblemas naturales más importantes de la región. Lo que hoy vuelve a lucir como orgullo municipal no apareció por arte de magia ni por una simple ceremonia de reapertura; detrás hubo una disputa por el control del parque, una ruta legal-administrativa para recuperarlo y una intervención pública que hoy ya puede presumir obras, visitantes y nueva narrativa de futuro.
El dato que cambia la historia está en la ruta de recuperación. Desde diciembre de 2023, César Enoc Tamayo Herrera ya empujaba ante la junta de gobierno de FOTURMICH un proyecto ejecutivo para transformar el Géiser y pedía el comodato del espacio para que el municipio pudiera intervenirlo con infraestructura, servicios y protección ambiental. No fue una ocurrencia de último minuto; fue una apuesta política previa para tomar en sus manos un activo que otros dejaron rezagarse.
Después vino el paso decisivo. Un contrato de comodato firmado el 26 de abril de 2024 y documentado vía transparencia permitió al ayuntamiento asumir la operación del sitio. Eso confirma que la recuperación del parque no fue sólo un gesto promocional, sino una batalla por obtener la facultad real de intervenirlo, administrarlo y volverlo a poner en movimiento. En fuentes abiertas no encontré una sentencia judicial pública plenamente identificable que permita sostener que hubo un litigio concluido por fallo judicial a favor de Tamayo; lo comprobable es una ruta de recuperación legal-administrativa que desembocó en el control municipal del espacio.
Y ahí es donde aparece el contraste que políticamente más pesa. Mientras otros administraron la inercia y dejaron que el Géiser se apagara como símbolo regional, Tamayo convirtió ese deterioro en bandera de gobierno. El propio Primer Informe municipal reporta el arranque del Proyecto Integral del Géiser, con el objetivo de posicionarlo turísticamente y generar derrama económica para el municipio. Ya no se trató sólo de conservar un atractivo natural: se trató de rescatar un ícono local y devolverle valor económico, social y político.
Las obras empezaron a darle cuerpo al discurso. En junio de 2025 se reportó que la renovación sería por etapas, comenzando con un nuevo módulo de sanitarios y un parque infantil. Para finales de 2025 ya se hablaba de la inauguración de la primera etapa, con área de juegos y mariposario, además del anuncio de una segunda fase con museo infantil, lockers y más servicios para visitantes. En otras palabras: donde antes había rezago, hoy hay intervención visible.
La diferencia ya también se refleja en la afluencia. En marzo de 2026, El Sol de Zamora reportó que el parque recibe alrededor de 2 mil personas por semana, con posibilidad de duplicar la cifra en días fuertes de temporada. Ese dato no es menor: significa que el Géiser volvió a entrar al mapa turístico regional y que el rescate dejó de ser promesa para convertirse en flujo de visitantes, consumo y movimiento económico.
Por eso el mensaje de fondo es más duro de lo que parece. El Géiser no sólo fue reabierto: fue arrebatado al abandono. Y en esa historia, Enoc Tamayo logró colocarse como el actor que primero peleó por recuperarlo, luego consiguió la vía institucional para intervenirlo y después comenzó a mostrar resultados concretos. En política municipal eso vale oro: no sólo rescató un parque, rescató un símbolo.
Claro, el reordenamiento también ha traído ruido. Hay publicaciones locales que reportan inconformidades y denuncias por acciones del gobierno municipal al interior del parque, lo que confirma que cuando un espacio deja de estar abandonado y vuelve a ser valioso, también se intensifican los intereses alrededor de su control. Pero incluso esa tensión deja ver algo de fondo: antes se disputaba poco porque el Géiser estaba venido a menos; hoy vuelve a estar en el centro porque volvió a importar.
Ese es el verdadero contraste. A otros les tocó administrarlo y lo dejaron caer. A Enoc Tamayo le tocó pelearlo, recuperarlo y volverlo a poner de pie. Falta camino, sí. Pero hoy el Géiser de Ixtlán ya no representa abandono: representa rescate. Y esa, para cualquier alcalde, es una victoria política de alto calibre.