Aguascalientes
CAMINAR AGUASCALIENTES
Publicado
hace 5 años,el
Los estudiosos de las ciencias sociales, especialmente del Derecho y de la Ciencia Política, reconocen a la Polis griega como el arquetipo de sociedad occidental primigenia. Hoy podríamos calificar a Aguascalientes, en sus dos ordenes administrativos, como una Ciudad- Estado con características especificas sui generis como no las hay en otra demarcación territorial mexicana.
En días pasados nuestra ciudad alcanzó los 446 años. Desde su fundación aquel 22 de octubre de 1575 en el que Felipe II, gran emperador español, expidió la Real Cédula de Fundación, la historia con gloria y dolor, bautizó a la Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes como la hija predilecta del centro de lo que hoy es México.
Me gustaría recomendar, antes de continuar con este pequeño recorrido callejero, dos fantásticos libros que transforman la av. Gómez Morín en aquel interminable Chemin de Fer de los antiguos talleres del ferrocarril; o que reconstruyen el impresionante horno de la fundición de los Guggenheim en Aguascalientes. Hablo de “Historia del estado de Aguascalientes” de Agustín R. González y de “Letras sobre Aguascalientes. El primero, un magnifico libro de historia local y, el segundo, una recopilación de textos de diferentes épocas a cargo de Antonio Acevedo Escobedo. Ambos nos llevan de la mano, cual virgilios hidrocálidos, por lo más destacado de la historia de nuestra Polis griega del Bajío mexicano.
La ciudad ha sido desde su fundación catalogada como pequeña. Cierto es; y resulta indispensable consultar a varios autores que así describen a Aguascalientes desde sus albores. Traigo a colación a Giacomo Constantino Beltrami, un importante jurista y explorador italiano de la primera mitad del siglo XIX, que describe a la ciudad de la siguiente:
Aguascalientes es una ciudad pequeña encantadora, la más hermosa, según creo, de la Nueva España, con bellas calles, bellas sus habitaciones, bellas sus plazas y bellas sus iglesias (…) Ninguna ciudad de Europa debe causarle envidia.
Á Mexique, G.C Beltrami 1824
De igual manera, el Italiano, describe los manantiales y las aguas termales que dieron nombre a nuestra ciudad comparándolos incluso con sus símiles europeos, poniendo a Aguascalientes a la altura de Bath, en Reino Unido, Yverdon-les- Bains en Suiza y Aix-les-Bains en Francia. Es una pena lo que el estado en el que actualmente se encuentran.
Después de ese minúsculo bosquejo histórico, me gustaría precisar que el presente escrito busca ser un micro anecdotario de historia del tiempo presente o del cotidiano que un artículo o crónica historiográfica clásica. El conocido vox populi es quizá una de las fuentes más ricas de historia de todos los tiempos. Mentira o verdad, resulta apasionante escuchar e imaginar el Aguascalientes de ayer y de antier.
La rúa: testigo y participe
Las calles de nuestras ciudades son testigos y participes de la historia del día a día. La nomenclatura de cada una de ellas nos lleva a lugares emblemáticos o nos presenta nuevos personajes históricos locales y nacionales que por cuestiones políticas y sociales fueron considerados dignos de perpetuación in situ. Aguascalientes no es la excepción; sus vialidades y avenidas son un libro abierto y listo para su lectura. Sólo abra los ojos.
La entrada y la cárcel de las beatas.
No es sorpresa para nadie que la Avenida 5 de mayo/José María Chávez siga siendo la entrada principal por la que miles de personas transitan todos los días con diferentes propósitos. Esta gran vialidad, junto con la de Colón, antes Calle de la Cárcel y Josefa Ortiz de Domínguez/Ignacio Zaragoza demarcan los limites de lo que fue la Villa en sus primeros 400 años de vida.
Por José María Chávez, antes Calle del Obrador, se llega directamente a la Plaza de Armas, donde se encuentran todavía las sedes de los poderes temporales y espirituales de la Villa; los palacios y la Catedral de Nuestra Señora de la Asunción. Por Josefa Ortiz de Domínguez/Ignacio Zaragoza, se evita la plaza principal y se accede directo al camino que llevaba a Zacatecas; y finalmente; por Colon se accedía del otro costado de la Plaza de Armas y al Parián, centro de la vida comercial aquicalidense.
Pocos recordarán que justo donde se encuentra hoy el segundo patio del Palacio Municipal se encontraba la antigua cárcel de la Villa, misma que dio nombre por mucho tiempo a lo que hoy conocemos como Cristóbal Colón. Mi abuela contaba una historia de ese edificio hoy desaparecido:
Corría la década de 1920; la revolución, y los conflictos cantineros habían dejado a más de una mujer viuda; es decir, la población estaba repleta de beatas. Su tío, comandante de policía del lugar, e hijo de su tía abuela, se quejaba de que sus tías y madre que eran precisamente, viudas y beatas, descuidaban sus actividades cotidianas y temporales (hacer de comer y cuidar infantes) por dedicarse con un fervor fanático a las labores espirituales.
Una tarde, el tío (el cual no recuerdo su nombre, pero seguramente era Reveriano o Refugio o algo así) por voluntad propia, decidió vaciar la iglesia de beatas, aprehenderlas y a encerrarlas en la cárcel de Colón hasta que estás se comprometieran a cumplir con sus obligaciones como madres de familia.
La intención de ese pequeño relato es retratar la importancia de las historias comunes y familiares; situarlas en el espacio y en tiempo indicados. Cada que transito por Colón, recuerdo esa anécdota familiar. Claro, hoy tenemos Derechos Humanos y conciencia colectiva de género, lo que haría casi inimaginable y escandaloso que hoy encerraran a cualquier mujer por el simple hecho de negarse a hacer actividades que se creían injustamente propias de su sexo. Ese será otro tema que tratar en la mesa familiar.
París, Moscú, Escocia e Inglaterra en Aguascalientes
Josefa Ortiz de Domínguez/Ignacio Zaragoza es otra calle con historia. Basta con observar el monumental templo de San Antonio para enamorarse de ella. El templo fue ideado para impactar al viajero y enorgullecer al oriundo. Reyes Rivas convirtió un camino de villa cualquiera en la rue de la Chaussée-d’Antin de Paris que inspiró al arquitecto. Reyes nos regaló una obra maravillosa. La cúpula principal nos lleva a la Catedral de Saint Paul en Londres y las torre principal que haría que Iván el Terrible demandase al autor por plagio. Un verdadero Haussmann en Aguascalientes.
Grandes casonas recorren la avenida por los costados, recordándonos la tremenda división de clases sociales que existía (o existe) en Aguascalientes. Caminar está avenida es una experiencia, las ultimas administraciones municipales han dignificado este espacio para disfrute de automovilistas y viandantes.
Existe otra historia, de igual manera con mi tatarabuela y su parentela como protagonistas, que cuenta mi abuelita:
Nos encontramos de nueva cuenta en los 20’s sumergidos en el conflicto cristero. El Presidente del República había fundado la Iglesia Católica Mexicana con la finalidad de debitar a la Iglesia de Roma. En Aguascalientes, los cismáticos (como les llamaban) quisieron apoderarse del templo de Nuestra Señora del Carmen (San Marcos) sin éxito.
La paz entre el Gobierno del Estado y las beatas (la mayoría pertenecientes a la Liga de la Defensa de la Libertad Religiosa) estaba pendiendo de un hilo. Por alguna razón, a algún brillante político se le ocurrió proponer al flamante Templo de San Antonio de Padua como sede del Poder Legislativo del Estado. Puedo imaginar la ira de la difunta Mamá Fortunata, abuela de mi abuela, y de mis tías Prisciliana, Primitiva y Basilisa al escuchar la noticia. Al día siguiente se encontraban todas sobre el edificio religioso con pancartas, mantas y rifles en las torres de la Iglesia. Supuestamente, se encontraba en cubriendo el reloj un escudo nacional que fue arrojado desde las alturas por la santa turba. El acto fue tachado como provocación, pero a fin de cuentas nada sucedió.
Es así como las mujeres de Aguascalientes evitaron que San Antonio fuese convertido en Palacio Legislativo. Otro edificio, también obra de Reyes, correría con esa suerte.
Hablar de estas calles es hacerlo desde lo cotidiano; de lo que vivimos usted y yo todos los días.
(Continuará)
