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Aguascalientes

¡MALDITA LIBERTAD DE PRENSA!

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Parte 1 

“SERVILIO: Sí, amigo, ¡maldita sea la libertad de imprenta!, ya lo dije.

LIBERATO: ¿Pero qué daños le ha traído a usted la libertad de imprenta, que tan amostazado está con ella?”

Diálogo entre don Liberato y don Servilio. 

José Joaquín Fernández

José Joaquín Fernández de Lizardi, el Pensador Mexicano, en el Diálogo entre don Liberato y don Servilio, plasmó los dos sentimientos existentes entre los políticos mexicanos durante las postrimerias de la Nueva España y del nacimiento del México Independiente. En dicho texto, los interlocutores discuten la contrarreforma de Fernando VII en detrimento de la libertad de expresión y la de prensa en 1814 en el que la famosa Constitución de Cadiz fue completamente derogada. 

Ambos personajes esgrimen argumentos verdaderamente interesantes, a pesar de que dicho texto pretende ser una sátira crítica contra el conservadurismo y el absolutismo agonizante de principios del siglo XIX. 

“Esa maldita libertad de imprenta, porque aunque el rey y sus amigos se empeñaron en restablecer el sostén de la fe y la columna de la monarquía absoluta, ya la libertad de imprenta había echado muy profundas raíces en los españoles enemigos declarados del trono y el altar.”

Hoy nos encontramos en una situación similiar. El Presidente de la República, amo y señor de nuestro país; descalifica, persigue y amenaza a sus adversarios políticos y a la prensa crítica abiertamente contraria a su proyecto nacional. Es por eso que hoy pretendo presentarles a ustedes un pequeño bosquejo histórico nacional de la libertad de expresión y de sus detractores. 

La libertad de expresión es un derecho que ha tenido un alto costo para toda la humanidad. Desde los inicios de la civilización, las voces disidientes han sido acalladas y sofocadas por los detentadores del poder político en turno. Gracias a aquella, hoy tenemos libertad de pensamiento, de asociación, de credo y un sinfín más. 

Reyes, presidentes, emperadores y papas intentaron limitar las expresiones discrepantes con toda la fuerza del Estado. El ejercito, la religión institucionalizada y el derecho positivo, funcionaron como los instrumentos desarticuladores de la oposición y de la disidencia política. 

La historia de nuestro país, como la de todo el mundo hispánico, tiene una relación estrechísima con la génesis de este derecho humano pero sobre todo, tristemente, con su  reiterada vulneración.  No podríamos entender una democracía moderna sin la libertad de expresión. 

La imprenta llegó a México en el año 1539, solo 18 años después de la conquista, por gestiones del primer Arzobispo de México, Fray Juan de Zumárraga y por el Virrey Antonio de Mendoza. La primer “prensa” era de origen alemán y los primeros documentos impresos por ella fueron vidas de santos y libros de carácter religioso. Todo bien hasta aquí. 

Desde el siglo XVI hasta el inicio del XIX, en lo que hoy es nuestro país, la censura quedó a cargo del brazo civil y religioso del Virreinato de la Nueva España. El Santo Oficio de la Inquisición era una institución encargada de  mantener la ortodoxia y la pureza de la fe en toda la cristiandad católica. Desde Roma, el Papa y sus obispos elaboraron el famosísimo Index Livrorum Prohibitorum, donde catalogaban todas las obras perniciosas, malevolas y perversas que debían ser evitadas por los buenos cristianos. Entre ellas se incluyeron los estudios astronómicos de Nicolás Copernico, los de Galileo Galilei e inclusive algunas novelas del celebérrimo autor francés Victor Hugo. 

En la Nueva España, debido a la lejanía del territorio con la metrópoli y a la tardanza del transporte de ideas, se optó por la tropicalización del Index, creándose uno a contentillo. Las autoridades novohispanas, al igual que sus herederas mexicanas, utilizaron su creatividad para justificar lo injustificable y llevaron su intolerancia a extremos verdaderamente ridículos.

Fue hasta el año de 1722 cuando nace el periodismo novohispano con todos sus puntos y sus comas. El obispo Juan Ignacio Castorena Urzúa y Goyeneche fundó en México el primer diario de toda Hispanoamérica. La Gazeta de México y Noticias de NuevaEspaña, nombre del diario que más bien era una publicación mensual,se limitó a presentar cuestiones cotidianas de todas las regiones del Reino de la Nueva España, dejando la política y los asuntos públicos fuera de sus publicaciones por obvios motivos. 

“No se hacen reflexiones políticas por que se goza un gobierno pacifico, y porque las máximas de Estado se gobiernan por el irrefragable dictamen de nuestro Soberano.”

La Gazeta de México y Noticias de NuevaEspaña. Junio 1722

Después de la consumación de la independencia, la prensa escrita tuvo un relativo respiro. Aunque no hubo libertad de religión sino hasta 1857; la legislación protegia la libertad de divulgación de las opiniones de los ciudadanos. 

El Estatuto Provisional del Imperio Mexicano cristalizó el derecho a la divulgación de opiniones como una garantía individual de los mexicanos. 

Artículo 58. El Gobierno del Emperador garantiza a todos los habitantes del Imperio, conforme a las prevenciones de las leyes respectivas: 

(…)

La libertad de publicar sus opiniones. 

No obstante el conservadurismo impetrante de los monarquistas y de los clericales; la legislación imperial como protoconstitución mexicana, dotó a nuestro país de un ordenamiento jurídico moderno y digno de la naciente nación.  

Es en este momento histórico en el que la prensa se convierte en un nuevo frente político de batalla, primero entre monarquistas y republicanos; después entre federalistas y centralistas. Presidentes iban y venían, cerrando periódicos y persguiendo periodistas del bando contrario conforme iban ocupando la Silla del Aguila. 

El primer presidente de la República, Guadalupe Victoria, en 1825 ordenó clausurar la publicación El Sol  por ser abiertamente conservadora y centralista; utilizando como pretexto el motin ocurrido en la carcel de La Acordada orquestado en su contra. 

No es para nadie ninguna sorpresa el desprecio que Antonio López de Santa-Anna a la prensa escrita y a la disidencia política. El Dictador mexicano, unos años después de la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio a favor de Estados Unidos, publicó la polémica Ley Lares, redactada por el jurista hidrocálido Teodosio Lares, que limitaba expresamente por  medio de la Ley la impresión y distribución de publicaciones que pudieran ser incómodas al régimen. Dicha Ley establecía  la censura previa de las autoridades civiles del lugar antes de que fuesen impresas o publicadas. Es decir el Gobernador o autoridad política superior debía ofrecer el visto bueno antes de que dichas publicaciones puedieran ver la luz. Protegiendo al Ejercito, a las autoridades civiles y a la Iglesia Católica. 

En 1857, los liberales, entre ellos Benito Juárez, encumbraron en la Constitución Federal en los artículos 6º y 7º la libertad de expresión  y la prohibición de la persecución política por la manifestación de ideas.

ART. 6. La manifestacion de las ideas no puede ser objeto de ninguna inquisicion judicial ó administrativa, sino en el caso de que ataque la moral, los derechos de tercero, provoque á algun crimen ó delito, ó perturbe el órden público. 

ART. 7. Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquiera materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni exigir fianza á los autores ó impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene mas límites que el respeto á la vida privada, á la moral y á la paz pública. Los delitos de imprenta serán juzgados por un jurado que califique el hecho, y por otro que aplique la ley y designe la pena. 

En la proxima entrega, continuaremos explorando la segunda mitad del siglo XIX hasta el día de hoy. En este espacio siempre defenderemos la libertad de expresión y seremos solidarios con todos los perseguidos políticos así como con aquellos que lo son por expresar sus ideas. 

No más persecuciones. 

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