OPINIÓN
EL BUDA Y EL SOLDADO AÑO Y MEDIO DEL GOLPE DE ESTADO EN MYANMAR
Publicado
hace 4 años,el
El temido fantasma revolucionario se ha hecho presente en el mundo en los últimos años. Movimientos sociales y protestas en contra del establishment a lo largo y ancho del globo han presentado un nuevo paradigma político, económico y social en lo poco o mucho que llevamos del siglo XXI.
Los objetivos son variados; el mejorar las condiciones económicas de la población, el garantizar el respeto irrestricto de los derechos humanos, el privilegiar la autodeterminación de los pueblos, el sacudirse el yugo colonialista, el terminar con el autoritarismo, etc., las estrategias son igualmente diferentes pues van desde los movimientos en las redes sociales, como lo fueron las revoluciones resultantes de la Primavera Árabe y las recientes protestas en Chile que culminaron con un proceso constitucional; hasta los levantamientos armados al mero estilo del siglo XX, como los que suceden muy comúnmente en las frágiles democracias africanas.
En ese sentido, la revolución y el cambio son una constante en la historia humana; y con ellas vienen aparejadas las reacciones de los grupos que retienen o buscan retener su posición de privilegio. Incluso sir Isaac Newton -en la tercera Ley- dejó plasmado con genialidad un principio natural aplicable a prácticamente cualquier materia: “A toda acción le corresponde una reacción igual en magnitud, pero de sentido contrario”.
Desde la Revolución francesa, los grupos contrarrevolucionarios han tenido un papel preponderante, a veces lamentándose nostálgicamente la pérdida del añorado poder aceptando la derrota a medias tintas; a veces tomando el protagónico por la fuerza y manteniéndose en el poder con la legitimidad que las armas y los cañones pueden dar. Este es el caso del reciente golpe de Estado en Myanmar de febrero de 2021.
Muchos recordaran éste episodio, primeramente, por la caída de la Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, depuesta por la Junta Militar y criticada por su nulo actuar en el llamado “genocidio rohinya” que tanto escandalizo al mundo, y , en segundo lugar, por la clase de aerobics que era trasmitida en vivo por una tiktoker mientras el golpe tenía lugar en Naipyidó -nueva capital en sustitución de Rangún, capital de la antigua Birmania-; lo que llevó a algunos, incluso, a llamar a este episodio como “el golpe de los aeróbicos”.
Para poder entender este evento y su relevancia internacional, debemos hacer un breve recorrido histórico por las entrañas de Myanmar, antigua colonia británica, que hoy representa uno de los principales bastiones del budismo en todo el mundo.
El sistema político birmanés es muy particular, pues es considerado una dictadura militar – a veces una democracia- de corte budista-astrológica; y estos factores influyen en la toma de decisiones de los lideres nacionales. El pueblo de Myanmar es muy religioso pues la gran mayoría de las personas pertenecen al budismo Theravada que es también la religión principal en Camboya, Tailandia, Sri Lanka y Laos.
La población de Myanmar consta de 135 etnias diseminadas por todo el territorio nacional. La mayoría con un control territorial propio y autónomo.
Su historia moderna se remonta al año 1948 – tres años después de terminada la Segunda Guerra Mundial- la antigua colonia inglesa se independizaba de la metrópoli en el marco de un conflicto encabezado por el caudillo independentista Aung San, progenitor de Aung San Suu Kyi y martirizado en 1947. Desde 1949 hasta el 2015, el país viviría bajo regímenes autoritarios y arbitrarios. En 1962, un golpe de estado derrocó al primer gobierno independiente para instaurar una dictadura-si bien no militar pero sí con características militares- que duraría 26 años. Durante ese periodo, la oposición fue perseguida, desaparecida y encarcelada.
A la usanza soviética, en 1974, se estableció en la Constitución del país que éste se convertiría en una república de corte socialista y de partido único. Así se gestó el augurado malestar social y el clamor democrático de manera silenciosa hasta que el 8 de agosto de 1988 estallaron las manifestaciones conocidas como “Levantamiento 8888” en la que varios cientos de miles de monjes budistas, niños, estudiantes universitarios, amas de casas y profesionistas protestaron contra el régimen. Fue allí cuando Aung San Suu Kyi cobró mayor relevancia como figura opositora y referente de la libertad popular.
Culminada la revuelta con un terrible golpe de estado y con la oposición diezmada, muerta o encarcelada; la dictadura militar y el estado de excepción se oficializaron en toda la región.
Debido a las fuertes presiones internacionales, Myanmar realizó un primer ejercicio democrático en 1990 llevando a toda la población a las urnas abriendo el paso a lo que llamarían como “el camino a la democracia” o “el camino democrático”. El resultado no fue favorecedor para el partido de los militares- el legendario Tatmadaw– pues el partido de la Nobel de la Paz -la Liga Nacional para la Democracia- había obtenido una victoria contundente. Sin embargo, no hubo reconocimiento de la Junta Militar, se puso bajo arresto domiciliario a la lideresa y el Estado birmano continúo estando bajo estricto control militar. Es en este periodo en el que el Reino de Suecia le otorga el Nobel de la Paz a Aung San Suu Kyi por su perseverancia y su perenne llamado a la paz y concordia. Ella no podría recogerlo sino hasta el 2012.
Vamos ahora al tiempo reciente. En el año de 2011 y contra todo pronóstico, la Junta Militar decide autodisolverse y establece un gobierno semicivil. Aung San Suu Kyi es liberada previamente en el 2010 y su partido gana las elecciones parciales de 2012, quedándose con 43 de 45 escaños del Parlamento. En noviembre de 2015 se celebran las primeras elecciones generales desde 1990, en las que -de nueva cuenta- la Liga Nacional para la Democracia obtendría la mayoría y formaría un gobierno encabezado Htin Kyaw, primer presidente civil desde 1962.
Es importante mencionar, que la lideresa de la Liga no llegó a ser presidenta de su país debido a una cláusula constitucional que prohíbe a todos los ciudadanos que tengan hijos con extranjeros el ejercer el cargo de Jefe del Estado. A mi consideración, una disposición excesiva que llevaba nombre y apellido.
En el 2020, el partido gobernante de Aung San Suu Kyi obtiene de nueva cuenta una victoria aplastante en las elecciones legislativas. El ejército, inconforme, denunció fraudes en las elecciones, amenazando con un golpe de estado de no permitírsele el realizar las investigaciones conducentes.
El 1º de febrero de 2021, el ejército detiene al presidente y a la Jefa de facto del Gobierno birmano y reinstaura la junta militar en el país. No tacaremos a profundidad el tema del “genocidio rohinyá”- el cual categóricamente condeno- pues todavía no existe sentencia en la Corte Penal Internacional, aunque si una denuncia interpuesta; es importante destacar que la política de desplazamiento de la población minoritaria musulmana ha estado presente tanto en gobiernos democráticos como militares. Lo anterior relacionado con la situación religiosa y étnica de la región.
La dictadura militar recientemente condenó a muerte a cuatro personas cercanas a Aung San Suu Kyi, en medio de un escándalo por procedimientos sumarísimos y arbitrarios. Estados Unidos y Occidente han impuesto sanciones a diferentes actores políticos del Tatmadaw para ejercer presión y evitar que los atropellos a la democracia y a los derechos humanos sigan suscitándose.
México y Myanmar comparten una extraña relación a pesar de su lejanía, la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito indicó que México se convirtió en uno de los tres mayores productores de opio en el mundo que junto con Afganistán y Myanmar controlan el 96 % de la producción global. La representación diplomática concurrente de nuestro país encuentra en Singapur y la de ellos con nosotros en Nueva York. La Secretaría de Relaciones Exteriores del Gobierno de México, a través del comunicado 055, condenó el golpe de estado y la detención de lideres políticos opositores en el marco de su participación como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU.
Como ciudadanos del mundo, debemos seguir de cerca todos los acontecimientos que se suscitan en el mundo para desmenuzarlos desde una perspectiva crítica. No podemos permitir que vidas humanas sean sacrificadas por ningún motivo; en especial si es por intereses políticos. El futuro de aquel país está en las manos de las y los birmaneses que buscan conseguir a toda costa la libertad de expresión, de pensamiento, de reunión y, sobre todo, derechos políticos para poder elegir a sus lideres.
Las protestas continúan y la población se mantiene en pie de lucha. Es escandaloso como voces opositoras, todavía en el año que corre son silenciadas a balazos. La ONU y la comunidad internacional han puestos sus ojos en otros lugares del mundo dejando en el olvido a Myanmar y a su gente. Qué este documento sirva para informar a las personas de la situación que viven los birmanos para generar empatía y solidaridad. No más silencio.
