Connect with us

Internacional

RECUERDOS DE SEBASTOPOL RUSIA Y UCRANIA

Publicado

el

En los últimos años hemos observado la evolución del conflicto ruso-ucraniano con cierta extrañeza y lejania. Desde 2014 a la fecha se escuchan los ecos de guerra en Crimea y en la región ucraniana de Donbás pregonados por los noticiarios y redes sociales locales e internacionales que llegan hasta nuestras ciudades. 

Consultando los medios occidentales como la BBC o el Washington Post, encontramos un relato completamente volcado a defender la soberania ucraniana  respecto de un “inminente” ataque del Kremlin contra su vecino país. Directa o indirectamente, Estados Unidos y los paises de la OTAN crearon un relato estratégico para justificar sus diferentes intereses regionales. 

Ahora, si consultamos Russia Today o los medios masivos afines a Moscú, notamos en un primer momento la defensa internacional  y la estrategia de medios que Putin y su gobierno han esgrimido en contra de Occidente: No se tolerará que ni la OTAN ni Estados Unidos establezcan bases militares cerca de las fronteras rusas.

Desde la anexión de la Península de Crimea y la ciudad autónoma de Sebastopol a la Federación Rusa después de un referéndum de 2014 catalogado por la comunidad internacional como ilegal; las tensiones han ido escalando con una rapidez sorprendente. El conflicto étnico y político en la región fronteriza de ambos países atiende a criterios históricos y sociológicos que son factores detonantes y determinantes en este momento.

Pero, ¿qué hay detrás de todo este embrollo geopolítico? Es precisamente el trasfondo histórico el que es completamente ignorado por los que somos espectadores y vivimos lejos del este europeo.  Hay mucho en el pasado próximo por descubrir para comprender el conflicto en sí mismo.

RECORRIDO HISTÓRICO

El destino de la región que hoy comprende varios Estados eslavos como Ucrania y Bielorrusia, estuvo (está)  enteramente  ligado al de la Gran Rusia autocrática y zarista. Desde el siglo XVIII, la Península de Crimea, fue anexada al Imperio Ruso por la déspota ilustrada, Catalina II en medio de la guerra ruso-otomana que culminó en el año de 1784. Relegando de alguna manera a la población tártara musulmana que habitaba el lugar, remplazandola por la rusa cristiana-ortodoxa. Así, Rusia aumentó paulatinamente su poder e influencia sobre el Mar Negro. 

La guerra de Crimea (1853-1856), fue un conflicto armado que libaron el Imperio Otomano, Francia y Gran Bretaña contra el Imperio Ruso para frenar la influencia rusa en el Mar Negro. El desenlace de este conflicto confirmó la posesión rusa de la península y de la región adyacente al Mar Negro. La derrota del Sultán y la retirada de los aliados de la ciudad portuaria de Sebastopol significaron una victoria política, económica y étnica para el Zar y sus sucesores. 

Sería un error mío el no recomendarles el libro El sitio de Sebastopol de Lev Tolstoi, que relata los días que vivieron los soldados rusos durante el gran sitio orquestado por Francia y Gran Bretaña en aquella importante base naval rusa.  

Después de la revolución que dio origen a la Unión Soviética, la región de Donbás y la península siguieron formando parte de la Rusia “tradicional” hasta el año de 1954 cuando Crimea fue anexionada a la República Socialista Soviética de Ucrania con fines meramente administrativos. No perdamos de vista que la población tártara fue diezmada después de la Segunda Guerra Mundial y los eslavos de origen ruso controlaron la totalidad del  gobierno local sin mencionar que continuaron siendo  la etnia mayoritaria. De cierta manera, Crimea formaba parte y no de la Ucrania histórica, por llamarla de alguna manera.  

Después de la caída de “la Cortina de Hierro”, Ucrania siguió formando parte del área de influencia rusa y permitió a Moscú el conservar la base naval con una cierta especie de soberanía extraterritorial. En 1997 Rusia y Ucrania firman un tratado que reafirmaba lo anterior.

En este punto, casi culminado el siglo XX,  los sentimientos separatistas y prorrusos comenzaron a gestarse en la región. Sin conflictos y después de la firma del documento de “arrendamiento”de la base naval, la paradiplomacia identitaria de Crimea entró en un estado de dormición pues los ojos del Kremlin dejaron de estar fijos en Ucrania y en el Mar Negro  a causa de la guerra en Chechenia. Poco a poco Occidente fue tejiendo sus hilos en la región.

Después de este breve recorrido histórico, debemos tomar en consideración varios puntos para entender la disputa: 

1.- La composición étnica de las regiones en conflicto. La mayoría de los pobladores de las regiones separatistas son eslavos rusos y hablan esta lengua cotidianamente. 

2.- La reestructuración fronteriza de 1954. Crimea dejó de formar parte de la Rusia histórica y pasó a formar parte de una nación con la que compartía menos elementos sociológicos y culturales. Una especie de balcanización.

3.- La pertenencia  de Crimea a la tradición histórico-nacional rusa. Recordemos que Ucrania, si bien perteneció desde sus orígenes al Imperio Ruso, tiene su propia lengua y tradición influenciada por los movimientos territoriales y étnicos debido a las contantes conquistas  tanto del Gran Ducado de Lituania como del Reino de Polonia. 

4.- La posición geoestratégica y la base naval rusa en el Mar Negro. La importancia de Sebastopol para los rusos es vital para ejercer el control en el Mar Negro como lo ha hecho desde el siglo XVIII.

Con estos elementos podemos tratar de analizar el conflicto desde otros lentes. Unos más críticos. 

EL CONFLICTO 

No es secreto que Ucrania ha buscado desde 2010 el  adherirse a la Unión Europea y a la OTAN con varias negociaciones diplomáticas fallidas saboteadas desde Moscú. 

De un lado se alega el derecho que tiene aquel país a la libre determinación y  asociación; y, por el otro, el sostenimiento de la paz mundial evitando provocaciones militares en zonas de influencia rusa. 

El conflicto estalló a finales del año 2013 con la suspensión de la firma del tratado de adhesión de Ucrania a la Unión Europea. La población, principalmente del noreste del país, se inconformó por la repentina decisión del presidente Victor Yanukóvich, acusado de prorruso y títere del Kremlin, y comenzaron las protestas populares y los actos de violencia sistemática contra los manifestantes. 

El mandatario fue depuesto y huyó del país en febrero de 2014. Al mismo tiempo en Simferópol, capital de Crimea se gestaba el referéndum separatista apoyado por la población rusa y por Moscú. El 16 de marzo se celebró el referéndum con el apoyo del 94% de la población a favor de la anexión de la Península de Crimea a la Federación Rusa. Tres días después, el presidente Vladimir Putin y un representante del gobierno separatista firmaron la formal anexión del territorio y la modificación fronteriza. 

La comunidad internacional lanzó una enérgica condena por la anexión ilegal de la península. Rusia vetó en el Consejo de Seguridad de la ONU la resolución presentada por Estados Unidos que exhortaba a la comunidad internacional a no reconocer el resultado del referéndum. 

En mayo de 2014, se replicó el mismo procedimiento separatista en Donetsk y Lugansk, autoproclamándose repúblicas autónomas con miras a anexionarse al territorio Ruso. El gobierno ucraniano envió tropas para someter a los rebeldes y al día de hoy siguen los enfrentamientos en estas ciudades que pertenecen a la región de Donbás. 

Varios proyectos de paz y reuniones de alto nivel se celebraron pero no tuvieron éxito. 

El año pasado, la crisis se agudizó debido al despliegue de 100,000 militares rusos en la frontera con Ucrania. Estados Unidos acusó a Rusia de tener diferentes planes: primero de una invasión,  luego de un ataque cibernético  y después de provocaciones indirectas que estallarían en una confrontación armada entre ambos paises. El Kremlin inmediatamente desmintió el relato de Washington, y acuso a los estadounidenses de querer establecer bases militares de la OTAN en Ucrania; exigiendo se respeten los tratados internacionales firmados con anterioridad. 

Sergei Lavrov, Ministro de Relaciones Exteriores ruso, comparó la situación con el episodio conocido como “la crisis de los misiles” en plena guerra fría. Conflicto que casi desencadena la “tercera guerra mundial” en los 60’s del siglo pasado. 

Hoy la diplomacia no para y los diferentes actores internacionales se mueven para conseguir la paz en la región a como de lugar. El embajador Juan Ramón de la Fuente se dirigió a los miembros  del Consejo de Seguridad de la ONU con un mensaje claro; nuestro país le apostará siempre a los principios de no intervención, no agresión y a la solución pacífica de los conflictos. No hay más. 

Quiero terminar reafirmando que este conflicto tambien es de relatos. Cada una de las partes ha echado a andar su maquinaria propagandística a lo largo y andcho del globo terraqueo. Tenemos que consumirla porque, como dicen vulgarmente, es lo que hay. Aún así apostémosle al estudio previo y a las visiones críticas de los asuntos políticos. 

Que los episodios bélicos queden para el estudio histórico y no para el presente. Que nos queden sólo los recuerdos de Sebastopol y así evitaremos una tragedia. 

Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.