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OPINIÓN

No hay transición energética ni cuidado al medio ambiente sin impulso a la ciencia y tecnología

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Dentro de la opinión pública y en general en el ambiente político-social se mencionan a las energías limpias como el principal contrapeso respecto de la producción energética y eléctrica respecto a la que es generada a través de recursos fósiles y que, por cierto, ha incentivado el inquilino de Palacio Nacional desde que llegó al poder; para prueba la Refinería Dos Bocas, la compra de la refinería Deer Park y, por supuesto, la Reforma Energética presentada recientemente.

​La intensa partidización de los temas en la actualidad, impiden que se abonen reflexiones y apuntes puntuales acerca de la grave crisis climática en la que nos encontramos inmersos, así como los posibles medios y estrategias para emprender un verdadero cambio en los modelos de producción y de tratamiento residual. Estas limitantes también observan cuestiones jurídicas y técnicas, específicamente en el reconocimiento y diferenciación entre la energía y los medios para extraerla.

​Existen diferentes tipos de energía eléctrica, la división básica es la “renovable” de la “no renovable” y cada una de ellas es explotada a través de diferentes procesos, por ejemplo, la primera existe de manera natural con los rayos de sol, los cauces de agua, el calor, etc. y, en cuanto a las “no renovables” se originan a través de la quema de loscombustibles fósiles como carbón o gas, sin embargo, el punto nodal de ambos son las formas de extracción, ya que ambas necesitan determinada infraestructura.

​Una vez especificado el origen, es importante hablar sobre todos aquellos procesos y medios de extracción. Históricamente la energía no renovable se ha producido a través de la quema de los combustibles fósiles, generando una gran cantidad de dióxido de carbono. De hecho, en México las 102 centrales eléctricas generan al año cerca de 117,737,070 toneladas de CO2 sin contar las emisiones contaminantes durante y post consumo.

​Frente a ello, las energías limpias al ser un tipo de energía ya existente, se recaba y procesa a través de infraestructura distinta, sin embargo, este punto es clave, ya que no se trata tanto del proceso, de la recolección o transformación de energía, sino de los medios para hacerlo: se necesita maquinaria, tecnología, mano de obra calificada, recursos económicos y voluntad política.

​En muchas ocasiones los gobiernos populistas como el que tiene nuestro país justifica su desinterés por la transición a energías limpias con divisiones sociales y ataques a la iniciativa privada, quien, por cierto, posee infraestructura de alta calidad para la recolección y trasformación de energía,puesto que actualmente no se invierten recursos públicos en estrategias innovadoras que permitan al Estado aumentar los medios de recolección, almacenamiento y distribución de las energías limpias.

​En este caso, la tecnología es un arma de dos filos que puede beneficiarnos, pero también colocarnos en una posición de desventaja, sin embargo, aquí radica laimportancia de los trabajos en conjunto del gobierno y la iniciativa privada: uno de ellos es establecer acuerdos y comunicación constante en beneficio de las y los mexicanos, que sea posible establecer acuerdos justos con la finalidad de dar prioridad a la transición energética y asentar un paso a la mejora y cuidado del ambiente así como el aumento de empleos.

​El segundo punto importante se refiere al apoyo y los incentivos por parte del Estado a la educación y la ciencia, si es que el Presidente López Obrador de verdad quiere establecer una soberanía energética. No es posible que inicie una transición energética de ningún tipo si la industria de nuestro país no es capaz de sostenerla, ni mucho menos de impulsarla. Si queremos autonomía, necesitamos apostarle a ciencia y tecnología.

​Por todo esto es que uno de los más grandes errores que ha cometido este gobierno es la desaparición de los fideicomisos de ciencia y tecnología, ahora las instituciones públicas nacionales como los Centros Públicos de Investigación o el CONACyT y, todas las personas estudiantes e investigadores al servicio del país se encuentran abandonadas a su suerte en el mejor de los casos, con esperanza de salir del país en busca de un mejor futuro.

​No se niega la validez e importancia del sector energéticao pero tampoco se fantasea con algo que, a estas alturas, no es posible, ni tampoco prioritario y menos con la serie de trabas que el mismo gobierno a través de sus acciones realiza. Es indispensable reconocer y diferenciar el discurso de los hechos: México necesita una transición energética para salvaguardar el presente y garantizar el futuro, México necesita apostarle a la industria nacional en materia energéticas.

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